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De Puño y Letra

De Puño y Letra

QUIÉREME ENTERA

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Si me quieres, quiéreme entera

no por zonas de luz o sombra…

Si me quieres, quiéreme negra y blanca.

Y gris, y verde, y rubia, quiéreme día,

quiéreme noche…

Y la madrugada en la ventana abierta

si me quieres no me recortes:

quiéreme toda o no me quieras.

 

 

 Dulce María Loynaz

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CUANDO TE NOMBRAN

cuando digo tu nombre

Cuando te nombran,
me roban un poquito de tu nombre;
parece mentira,
que media docena de letras digan tanto.
Mi locura seria deshacer las murallas con tu nombre,
iría pintando todas las paredes,
no quedaría un pozo
sin que yo asomara
para decir tu nombre,
ni montaña de piedra

Donde yo no gritara
enseñándole al eco
tus seis letras distintas.
Mi locura sería,
enseñar a las aves a cantarlo,
enseñar a los peces a beberlo,
enseñar a los hombres que no hay nada,
como volverme loco y repetir tu nombre.
Mi locura sería olvidarme de todo,
de las 22 letras restantes, de los números,

De los libros leídos, de los versos creados.
Saludar con tu nombre.
Pedir pan con tu nombre.
– siempre dice lo mismo- dirían a mi paso, y yo, tan orgullosa, tan feliz, tan campante.

Y me iré al otro mundo con tu nombre en la boca,
a todas las preguntas responderé tu nombre
– los jueces y los santos no van a entender nada-
Dios me condenaría a decirlo sin parar para siempre.

-Gloria Fuertes

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“CUANDO YO DIGO AMOR”

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Cuando yo digo amor identifico sólo una pobre imagen sostenida

por gestos falsos, porque el amor me fue desconocido.

 

Cuando yo digo amor sólo te invento a ti, que nunca has sido.

Y cuando digo amor abro los ojos y sé que estoy en medio

de mis brazos vacíos.

 

Cuando yo digo amor sólo me afirmo

una presencia impar como mi almohada.

 

Cuando yo digo amor olvido nombres

y redoblo vacíos y distancias.

 

Cuando yo digo amor en una sala llena de rostros fútiles

y pisadas oscuras en la alfombra.

 

Cuando yo digo amor crece la noche

y mis manos encuentran

para su hambre doble y prolongada

mi pobre rostro solo repetido por todos los rincones.

 

Cuando yo digo amor todo se aleja

y me asaltan mi nombre y mis cabellos

y las hondas caricias no nacidas.

 

Cuando yo digo amor soy como víctima.

La inválida en salud.

El granizo y la rosa paralelos.

La dualidad del árbol y el paseante.

La sed y el parco refrigerio.

 

Yo soy mi propio amor y soy mi olvido.

Cuando yo digo amor se me desploma

la ascensión de las venas.

 

Sobreviene, un otoño de fugas y caídas

en que yo soy el centro de un espacio vacío.

 

Cuándo yo digo amor estoy sin huellas.

De porvenir desnuda e indigente de ecos y memoria.

 

Cuando yo digo amor advierto inútil

la palma de mi mano ‒que es convexa‒ e increíble

ese girar soltero del pez en su pecera.

– MARGARITA MICHELENA.

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ME DOY CUENTA DE QUE ME FALTAS

Me doy cuenta de que me faltas
y de que te busco entre las gentes, en el ruido,
pero todo es inútil.
Cuando me quedo solo
me quedo más solo
solo por todas partes y por ti y por mí.
No hago sino esperar.
Esperar todo el día hasta que no llegas.
Hasta que me duermo
y no estás y no has llegado
y me quedo dormido
y terriblemente cansado
preguntando.

 

Amor, todos los días.
Aquí a mi lado, junto a mí, haces falta.
Puedes empezar a leer esto
y cuando llegues aquí empezar de nuevo.

 

Cierra estas palabras como un círculo,
como un aro, échalo a rodar, enciéndelo.
Estas cosas giran en torno a mí igual que moscas,
en mi garganta como moscas en un frasco.
Yo estoy arruinado.
Estoy arruinado de mis huesos,
todo es pesadumbre.

-Jaime Sabines

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Tengo miedo

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Tengo miedo. La tarde es gris y la tristeza
del cielo se abre como una boca de muerto.
Tiene mi corazón un llanto de princesa
olvidada en el fondo de un palacio desierto.

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La luna

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La luna se puede tomar a cucharadas
o como una cápsula cada dos horas.
Es buena como hipnótico y sedante
y también alivia
a los que se han intoxicado de filosofía.
Un pedazo de luna en el bolsillo
es mejor amuleto que la pata de conejo:
sirve para encontrar a quien se ama,
para ser rico sin que lo sepa nadie
y para alejar a los médicos y las clínicas.
Se puede dar de postre a los niños
cuando no se han dormido,
y unas gotas de luna en los ojos de los ancianos
ayudan a bien morir.

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La palabra sobrevive

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“¿Viviré mañana? No lo sé decir.
Pero no me iré de aquí sin resistencia.

Esta recámara es mi núcleo.
Pensar bajo cobijas es mi fuga,
con los ojos cerrados,
para escuchar un miedo escondido en el silencio,
mi miedo que al romperse se vuelve
el desconocido mal.

Sea bienvenido el misterio.
Pero mi reacción, desconocida también,
también por ello me aterra.

Entonces mi temor no tiene tiempo
de pensar su propio terror
y la belleza me embarga toda entera. No existe lo predecible.
Y éste es el temor mayor.

Oculto mis cosas,
no por el miedo sino por el rechazo
de quienes piensan a medias.

«La ignorancia libera.»Quiero verte
en la misma posición, sacudida en llanto,
despojada por sólo una semana más
de tus débiles apoyos.

«Cada hombre mata lo que más quiere.»
Cada mujer se dejará amar
hasta la muerte.
¿Cuál es el amor hasta la muerte?
¿Es sólo un peregrino
de todas las semejanzas?”

-Carlos Fuentes Lemus

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Agua sexual

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Rodando a goterones solos,
a gotas como dientes,
a espesos goterones de mermelada y sangre,
rodando a goterones,
cae el agua,
como una espada en gotas,
como un desgarrador río de vidrio,
cae mordiendo,
golpeando el eje de la simetría, pegando en las costuras del
alma,
rompiendo cosas abandonadas, empapando lo oscuro.

Solamente es un soplo, más húmedo que el llanto,
un líquido, un sudor, un aceite sin nombre,
un movimiento agudo,
haciéndose, espesándose,
cae el agua,
a goterones lentos,
hacia su mar, hacia su seco océano,
hacia su ola sin agua.

Veo el verano extenso, y un estertor saliendo de un granero,
bodegas, cigarras,
poblaciones, estímulos,
habitaciones, niñas
durmiendo con las manos en el corazón,
soñando con bandidos, con incendios,
veo barcos,
veo árboles de médula
erizados como gatos rabiosos,
veo sangre, puñales y medias de mujer,
y pelos de hombre,
veo camas, veo corredores donde grita una virgen,
veo frazadas y órganos y hoteles.

Veo los sueños sigilosos,
admito los postreros días,
y también los orígenes, y también los recuerdos,
como un párpado atrozmente levantado a la fuerza
estoy mirando.

Y entonces hay este sonido:
un ruido rojo de huesos,
un pegarse de carne,
y piernas amarillas como espigas juntándose.
Yo escucho entre el disparo de los besos,
escucho, sacudido entre respiraciones y sollozos.

Estoy mirando, oyendo,
con la mitad del alma en el mar y la mitad del alma
en la tierra,
y con las dos mitades del alma miro al mundo.

y aunque cierre los ojos y me cubra el corazón enteramente,
veo caer un agua sorda,
a goterones sordos.
Es como un huracán de gelatina,
como una catarata de espermas y medusas.
Veo correr un arco iris turbio.
Veo pasar sus aguas a través de los huesos.

-Pablo Neruda

 

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