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A LA MEDIDA

 

 

Es común que la gente me diga que cuando escuche sus historias, seguramente podría escribir mucho sobre ellas y esto que ahora van a leer es gracias a una chica de blusa verde con la que coincidí el otro día.

 

Sentada en el escritorio de una oficina, no dudó ni un momento en  contarme algo que le hacía brillar los ojos. Ustedes la hubieran escuchado, creo que hasta nerviosismo había cuando empezó a relatar su historia. Se acomodaba el cabello de un lado a otro mientras esbozaba una sonrisa con cada uno de los detalles que compartía. Todo inició en un día normal, con una persona normal…

 

Recientemente y como resultado de la monotonía, la chica de blusa verde, había terminado una relación que ella describe como: linda, cómoda pero carente de un “no se qué”, que no se explica con palabras, solo se siente y se sabe diferente. “Me sentía bien pero algo me hacía falta” me contaba mientras movía las manos de arriba abajo.

 

En la búsqueda de la autorrealización, la chica en cuestión salió de su ciudad natal. Jornadas extenuantes de estudio y un examen que parecía imposible aprobar eran su objetivo a vencer. Ahí se dio lo que nunca antes,  según sus palabras había sentido por alguien más.

 

Un mar de personas, procedentes de varios estados de la república además uno que otro extranjero  eran sus compañeros. Pero díganme si no es extraña la vida que de esas más 70 mil almas que convergieron en ese mismo lugar solo una cautivó su atención y fue algo tan mágico que era justo ese tipo de personas que te derriten sin ni siquiera tocarte un cabello.  Dicen los que saben que cuando la vida te presenta a la persona indicada, no se sabe; se siente. “NUNCA HABÍA SENTIDO ANTES ALGO ASÍ, PODÍA SER YO, SIN RESERVAS, ¿ME EXPLICO ?”… y siguió su charla.

 

La chica de blusa verde detalla que de solo sentirse cerca existía una estimulación intelectual que le alborotaba las neuronas; era fascinante y lo mejor es que era bien correspondida. Todos los días se avivaba el deseo de permanecer en cercanía y que el sueño de algún modo se cumpliera.  Y sucedió.

 

Era como una película, lo que siempre había buscado, lo que alguna vez soñó encontrar justo estaba en la butaca de a lado y como la perfección no existe, esta historia no fue la excepción. Y es que la persona en cuestión tenía un anillo que delataba compromiso. A lo que nuestra amiga de blusa verde no parecía importarle en demasía puesto que no buscaba nada en realidad y no es que no le hubiese encantado sino que un corazón recientemente libre y otro que tiene dueño no era muy buena combinación en ese momento.

 

Entre besos y caricias, promesas al aire, planes, sueños, libros, clases, apuntes, risas, anécdotas y demás, transcurrieron los días.  Una vez aprobados los exámenes, cada quién regresó a dónde pertenece con la promesa de verse pronto. A ciencia cierta no se sabe si en realidad lo harán…

 

Y en efecto, amables lectores, es verdaderamente genuino cuando en la vida encontramos a esa persona hecha a “nuestra medida”, con la que podemos olvidar el mundo, no importando lo que fuimos, hicimos o perdimos. Con esa nueva persona queremos despertar, levantarnos y todas esas cosas bonitas que buscamos. Es maravilloso tenernos frente a frente , después de varias batallas perdidas, entender el por qué NO FUNCIONÓ CON NADIE MÁS,

 

De corazón espero que algún día encuentres ese alguien A LA MEDIDA.

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